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El colega y amigo personal de Pedro Anibal Mansilla, el Cro. Roberto Saldí le hace un sentido homenaje al amigo y al profesional que acaba de dejarnos...
Compartimos un reportaje publicado el 21/10/2013 en Clarin.com donde su genio y figura aparecen en todo su resplandor...
Pedro Aníbal Mansilla, médico y locutor

Pedro en el consultorio donde atiende, sobre la 9 de Julio, a cuatro cuadras del Obelisco. Desde ahí quiere hacer radio. /GUILLERMO RODRIGUEZ ADAMI

 
 Luis Sartori

Hubo un tiempo en la radio de Buenos Aires que la mañana era de Cacho Fontana y el resto del día de dos peruanos: en la tarde lideraba Hugo Guerrero Marthineitz y a la noche el estudiante crónico de medicina Pedro Aníbal Mansilla, al frente de un programa de música que fue mito: Modart en la noche. Aquella voz nocturna setentista nació en 1932 en Pirca, un pueblo de altura (2.500 msnm) a 150 kilómetros al norte de Lima, la capital donde Pedro también vivió y estudió. En el medio, el trabajo de su padre (sucesivamente maestro y director de escuela, comisionado escolar e inspector de educación) lo llevó a otros lugares, como Huacho, pegado a Huaura, la ciudad donde San Martín declaró la independencia del Perú –desde un balcón que se mantiene– en noviembre de 1820. De antepasados quechuas y formación marista, con facilidad para aprender y lector voraz (dice haber leído los 20 tomos de El Tesoro de la Juventud, una enciclopedia juvenil que hizo historia), se acercó al arte de curar ya de niño y a la locución de adolescente: a los 9 empezó judo con un maestro japonés que le iría enseñando los primeros palotes de la acupuntura; y a los 15, en el colegio San Isidro de Lima, relataba los partidos de sus compañeros con el micrófono del equipo de música que había armado el cura que les enseñaba Física. En 5° año estudió para locutor: de marzo a diciembre, dos horas por día, en Telecomunicaciones, gratis. Y, al mismo tiempo, se recibió de bachiller en el colegio y de locutor en el Ministerio. Lo tomaron en una emisora importante, donde llegó a grabar la característica. Con sus 6,200 litros de capacidad pulmonar y un histrionismo a flor de piel, vocalizaba: “En tu receptor y en todas partes, ¡rrradio Centralll!, la emisora más populaaarrrr!”.

Estuvo hasta los 18 años. Pero él quería curar, desde el día de la infancia que vio al médico de familia recetarle un medicamento “de memoria”.

“Me presenté a la universidad de San Marcos y no ingresé” . Ese fracaso definió su futuro: al año decidió irse a estudiar a la UBA de Buenos Aires, donde se enteró por amigos que no tomaban examen de ingreso. Con un compañero se lanzó a una aventura de 7 días: en micro, barcaza y tren fue bajando a Arequipa, al Titicaca, a La Paz, a Villazón y La Quiaca, hasta que en el ferrocarril Belgrano y con apenas 60 dólares llegó a Retiro. Al principio cartoneó, después dio inyecciones y más tarde hizo comerciales, programas en radio y voces (el tío Antifaz de Anteojito). Mientras tanto estudiaba Medicina. Jura que jamás cortó el estudio. Hubo materias que rindió hasta cinco veces. Y tardó ¡40 años en recibirse! Desde 1992 es médico clínico. Su especialidad actual: la acupuntura.

¿Cuáles fueron las claves que te enseñaron para ser locutor?

Uno de mis profesores peruanos me dijo: tienes que mover exageradamente todos los músculos de la lengua y la boca, que son 27, pronunciar sílaba por sílaba, especialmente la última, y estar convencido de lo que lees. Otro, me enseñó: cuando el texto es romántico, ponte romántico; si en el texto tienes que gritar, ¡grita!, pero aléjate un poco del micrófono; y si tienes que gesticular, gesticula todo lo que quieras, nadie se va a reír de tí. Y con todo eso sentí que me dieron la llave del micrófono.

¿Acá cómo empezaste ?

Fui a la Sociedad de Locutores. Me pidieron certificados, los pedí a Lima, y la secretaría de Comunicaciones me dio el carnet. Y salí a buscar trabajo.

¿Dónde fue tu debut?

Primero trabajé en radio del Pueblo y en Antártida. Anunciaba para vinos Peñaflor. Llegué por una agencia de publicidad del papá de Banana Pueyrredón. Cobraba 5 mil pesos. Yo pagaba 1.300 pesos en una habitación de pensión que éramos tres.

¿Cuándo arrancaste con Modart?

El 27 de febrero de 1965. De lunes a lunes, de 22.30 a una de la mañana.

Aquel programa siguió años.

Terminó en el 86. Los primeros seis meses en Excelsior, y después en Radio Libertad que era de Romay, y que después se llamó Del Plata.

¿Cómo siguió tu historia radial?

Seguí haciendo avisos comerciales.

¿Y programas?

Fuerte como Modart, ninguno.

¿Hasta cuándo seguiste?

Sigo trabajando hasta ahora. Si me vienen a buscar por un aviso, lo hago.

Con cierta regularidad, digo.

No, no tengo relación de dependencia con nadie. Y ahora quiero hacer radio desde el consultorio. Por Internet.

40 años para recibirte de médico.

Sí hermanito . Y no estoy arrepentido porque hay cosas que sigo estudiando, cosas que no sé, y tengo que saberlas. Y hay cosas que sé y nadie les da importancia. Como el metabolismo del agua y los hidratos de carbono, que producen dolores que pueden ser confundidos con los del aparato cardiocirculatorio. Porque a Krebs le dieron un Nobel por decir que los hidratos de carbono (leche, frutas, harinas) uno los procesa en el cuerpo, y se transforman en agua, anhídrido carbónico y energía en forma de depósito de líquidos. Eso hace confundir a muchos médicos.

¿Por qué hacer acupuntura?

Para buscar armonía en la salud. Los alquimistas preguntarían cuándo se llega a la meta: cuando se la está buscando ya se está en la meta.

¿Hay que tener fe para que la acupuntura funcione?

No, no se necesita fe. Ir a un acupunturista que sea honesto, nada más.

¿Hay muchos deshonestos?

En la vida he aprendido que esto no es un valle de lágrimas, es un lugar que nos brinda un estado paradisíaco de la existencia. Pero para obtener eso hay que ser correcto.

Hacés eje en perdonar las ofensas.

La intención es ésta: decir sin que escuche el ofensor te amo mucho porque me enseñás a no ser como vos . Uno devuelve dignidad y en uno crece el cuerpo áulico. Y cuando le crece el cuerpo áulico, uno se mejora de todo o no se enferma de nada.

Explicame lo del cuerpo áulico.

Tenemos un aura, eso provoca vibraciones. Cuando uno está muy deprimido es porque no tiene vibraciones para entrar en equilibrio. Entonces tiene que mantener el mentón arriba. Caminar por el mundo como si fuese de uno.

Hablás de crecer como persona.

Crecer como persona es ser correcto. Nada más.

También, de tener paciencia.

Porque uno puede pensar que no ha llegado el momento en que haya encontrado conscientemente que esté en la búsqueda de la armonía en la salud. No se dio cuenta. Cuando uno se da cuenta que está buscando la armonía, ya está en la meta.

Tocás piano. ¿Te hubiera gustado ser músico?

Quiero saber tocar todos los instrumentos que existen y que existieron antes. Todos en la vida perseguimos algo y nunca lo alcanzamos. Pero en la medida que buscamos lo que queremos, ya nos podemos sentir bien.

¿Qué te alegra?

Tener buena salud. Y tengo buena salud, porque estoy en la meta.

Para tu salud cerebral, ¿jugaste ajedrez?

He jugado y es bastante difícil. Aprendí más o menos y a la condición que llegué, si juego con cinco reinas, no me gana nadie (se ríe).

¿Algo de lo que te arrepentís?

Tendría que hablar japonés perfectamente, y chino. Pero no los he practicado lo suficiente.

¿Qué aprendiste de tus oyentes y qué de tus pacientes?

Hermanito ... que tengo que ser cada vez mejor.

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